domingo, 25 de septiembre de 2011

Existe



Logra tu existencia conmigo
 
No importan los destinos mortales equívocos y transitorios bajo lluvias que no amilanan el origen.

El estado inicial e inalterable es la causal de mis pupilas que te buscan en esas calles de nosotros y que evitas por tu errada fe.

Accede a la acción de tus sentidos a los míos para el lienzo de nuestras almas que burlan lo establecido.

Logra tu existencia conmigo, en las sombras adornadas con luces tenues y de colores cálidos en el tiempo escaso que nos queda cuando nadie sabe desde tu perspectiva de simple.

Logra el cielo en mis tactos que te acarician el alma y te cuidan de los insulsos por naturaleza.

Se hermosa a perpetuidad y danza conmigo, sintiéndote amada en el infinito del nocturno que observa el inicio y el final del diurno que no te merece.

Autor: Raúl Silverio Carbajal
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Los Hados y el Tropel del Océano



El brillo solar cubría el horizonte de los hados ambiguos y al pedestal de los pasos sobre la arena blanca de aquel lugar que fue nunca en el pasado, gestora a tiempo del autentico consecuente de ese romance usurpado.

El viento envolvía los cuerpos ascendentes en la delgada orilla adornada por la escarlata líquida que el océano tranquilo y diferente en su pulcritud de aguas, provee a sus huéspedes que pronto serían en la extraña escena, el suceso dual mientras un extenso pasadizo de madera hacia de observador.

El arrullo indiscriminado pero con ese elemento ligero de la pluralidad de las aguas de la mar, aguardaba nuestra presencia dispuesta a ser partícipe de su leyenda extraña que luego contarían los lugareños a lo largo de las costas junto a cercanos y ajenos en sus casonas de esteras con adobe entumecido.

Para el portento, nuestros atuendos eran los mismos de los que utilizamos en esos días de labores cuando luce el beige con sus distintivos de jerarquía que entonan con la obra y el contoneo de tus caderas para el tránsito sucesivo de la estampa con destino sur; allí, con el protagonismo de tu presencia de mujer que incita a mi idea de cortejarte y culminar amándote, estuvimos intercalando frases en el idioma inaccesible a los sentidos para este adecuado espacio onírico; de repente, la calma del océano tranquilo se convirtió en un tropel de sonidos adjunto a esa enorme masa de agua viniendo hacia nosotros, y solo bastó la primera embestida para partir en pedazos al pasadizo de madera observante.

La confusión de lo inesperado, convirtió las huellas descalzas encubiertas hacia linderos opuestos por sobre un acantilado desde donde se observaba la demencia calculada de la obra destructiva e impetuosa que no alcanzaba hacia  más allá de la orilla adornada de escarlata. El tropel se produjo una y otra vez, con la intención literal de un armado ondulante con garfios de hielo que se aproximaba con esa finalidad disuasiva para coexistir en la razón de la ironía mientras una rara niebla de invierno no permitía visualizar el motivo del protagonismo.

Cuando el ondulante llegó hacia el escarlata, este se detuvo conteniendo al inmenso océano para inmediato volver a la calma inicial y con ese brillo solar en el horizonte.

Lo extraño es que aquella fémina en mención líneas arriba, mientras era la cercanía en ambos, se había proyectado un tul que desenfocaba su noble rostro que no permitía congeniar la memoria con el hermoso semblante dibujado en infinitas ideas cuando gobiernan los astros.

Me sentí contrariado en el espacio de ese campo que denominamos olvido, aún cuando en aparente estado sobrio desperté somnoliento entre mis mantas, solo convergían en mi lucidez, el tul que desenfocaba el noble rostro de la fémina que sostuve en el calor de mi abrazo en el mundo real de las noches en tierras lejanas y de cielo sin luna.

Autor: Raúl Silverio Carbajal
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lunes, 19 de septiembre de 2011

Plasma



Desde la lejanía de las siluetas caprichosas, observo el iris de tus ojos.
Desde esa lejanía de siluetas que detesto, se dibuja el concepto de tu existencia frágil e inasible que origina dolor en las sombras de mis párpados.

Se luce el rapto de analogías  que congenia con la genialidad de la idea y la espontaneidad del sueño que se desliza en la pausa, entonces ocurre lo inevitable con el torpe tacto que carece de tu recíproca dermis de fémina.

Desde la lejanía de las siluetas admiro esas circunferencias y líneas tuyas que permiten avizorar el oscuro mármol líquido.
Desde esa lejanía de siluetas que detesto, se estimula la escarcha transitoria que se confunde con vías alteradas hacia el desliz de la mejilla que sabe a sal.

El estado se hace premura y se logra un lienzo carente de colores beige, azul y el lacio de esas hebras con aroma a secretos compartidos.

Desde la lejanía de las siluetas, me adhiero al frío del oscuro mármol líquido convertido en plasma que explora el amplio espacio quebrado de tu ausencia, sin juicio y sin sentencia bajo inescrupulosas luces de fluorescentes.

A la medianoche, en mi habitación, percibo el aroma del incienso que se quema como el alma gastada de mis días; lejos de ti, abarrotado de figuras somnolientas frente al plasma que te dibuja idéntica. 

Autor: Raúl Silverio Carbajal
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viernes, 2 de septiembre de 2011

Vías Sensatas

En el pasado de mis días, fue el cuestionar y lograr un confronto ante el crucifijo, lejos del atino del ideal de la mocedad cuando esta se aproxima a un tiempo que dista de las vías sensatas; en aquel suceso, lo coherente tuvo un final errado, entre arboledas tempranas de cielo color azul, el olor a tierra húmeda, los puntos de luces cálidas en interiores de edificios y en los barullos y musicalidad del nocturno que junto a pasos redundantes de mi naturaleza de viandante, fue una carta de amor en papel color celeste, untado en perfume de lejanas estrellas; entonces, el tiempo se logró estacional con los objetos y atuendos para los días siguientes, pues, el síndrome de las estelas susurraban en el laberinto de los ojos abiertos cuando todos duermen, obtuve ira, conocimiento y oscuridad, la capacidad de penumbra se capturó en los hartazgos de la idea tan sutil como lo evidente de expulsarla hacia los bastardos sin creencia.


La opulencia y estrategia fue el dominio de mi arte, seguro de mis pasos en madrugadas con calles nefastas y en diurnos plagados de ciegos indóciles y débiles a mi visión. Capturado en el vacío de los destinos, fueron días adversos e interminables en el cual terminé aceptando mi error origen, pues la estela cayó de manera vil ante la fragilidad de esa presencia primaria, tan hermosa con sus rasgos de mocedad en su estado de adultez bajo estrellas ordinarias y en telas color rosa.


Luego de un tiempo prudente en donde se gestaba otra historia, avizoré una esperanza de luz que congenia con sonrisas y tibiezas de fémina oportuna en el amplio gris, y, en cuya presencia de la misma, le dije:  - Eh vuelto a creer en Dios.


La mezquindad de los estados mancomunados fueron los precedentes de los varios tiempos clandestinos, entre el glamour, inciensos y ángeles que los demonios acechan desde el fracaso, entre urbes lejanas en busca del hermoso destino, entre ojos pequeños y sonrisas de luz, entre percepciones de los nocivos que observan sin saber absolutamente nada.


Hoy en día lo adverso inicia otra vez.


Aguardo los pasos y el confronto de los días a venir, en el seguimiento de las estelas y sus argucias desde los espejos de las noches sin fin.

Mi nombre es Raúl, y esta es parte de mi historia.
Espero no decepcionar a las pocas personas que me conocen.

Autor: Raúl Silverio Carbajal
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