lunes, 13 de octubre de 2014

Presencia Ausente


Ya lo habías decidido una lejana mañana de arena y sol.

Te habías despertado absorbida por ese acusar de conciencia inescrupuloso que te hizo sentir culpable con despotismos hacia el verdadero amor tardío que descubriste en mis ojos, en mis tactos y en mi aura.

Deslizaste las cortinas de tu dormitorio y pensaste en la absurda postura de la realidad mentirosa que satura al mundo con sus acciones y entre ellas las tuyas, entonces, diste un paso hacia atrás y cometiste el error de empezar a olvidar tu destino.

El tiempo te rodeó con sus miserias y visiones, las muchedumbres te ocultaron de lo genuino y desaparecías con tu aura que respiraba veneno sin sabor más que a smog y cotidianidad en tus manos y en tu piel; mientras tanto, caíste en el abismo de los sentimientos innombrables en glamour y que habitaron en tu corazón y no dijiste nada.

Permitiste, que la lejanía aglomere con su vil distancia tus sentidos que se desvirtuaron para fenecer en el olvido de tu corazón hermoso.

Ahora, tu belleza rara es tan solo un caparazón de piel débil como muchas fértiles con síntomas de dominio en sus creíbles destinos sin ver los hilos que te sujetan desde el cielo que confías.

El suave murmullo de las madrugadas no te despierta, son los vuelos del gris que velan tu sueño, tu mansedumbre sobre el nefasto; y el no pronunciar de la gracia que guardas oculta, logra una visión borrosa en los iris oscuros y se estremece la noche con tu presencia ausente.


Autor: Raúl Silverio Carbajal
© Derechos Reservados

Imagen: google

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